El botón de emergencia

Una asociación de salud mental enteramente gestionada por personas con un diagnóstico psiquiátrico–o varios–debe tener un mecanismo de emergencia, y no lo digo por la asociación a la cual pertenezco: “Trebolmente”

¿A qué nos referimos? Este tipo de asociación es dirigida por personas, todas, con un diagnóstico psiquiátrico. Si el liderazgo de la asociación pierde contacto con la realidad las consecuencias pueden ser muy negativas para los asociados. Se hace necesaria la incorporación de mecanismos eficaces para detectar cualquier desestabilización en el cuerpo gobernante de dicha asociación.

Tal y como ocurre con los mamíferos marinos, entiéndase, por ejemplo, los delfines, tan pronto el líder de la manada se desorienta, la manada completa pierde el rumbo. En ocasiones se ha visto cómo dichos cetáceos terminan en manada encallados en las playas. Según algunos entendidos eso se debe–o puede deberse–a alguna dolencia que desoriente al líder de la manada.

Quienes dirigen una asociación de salud mental en primera persona deben de estar continuamente examinándose y siendo examinados o controlados por profesionales capaces a fin de mantener un óptimo estado de salud mental.

Sin embargo, como sabemos, aun así, no escapamos a brotes, crisis y períodos de desestabilización. En tales situaciones la acción responsable que se impone es que la persona afectada voluntariamente se auto-aparte de la dirección de la asociación. Sin embargo, en caso de que no lo haga, debe de existir un acuerdo expreso entre los líderes para que una vez advertido el hecho de un comportamiento irregular en alguno de los dirigentes, los demás puedan apartarle temporalmente de sus funciones.

Nadie puede ser vitalicio en la dirección de una asociación, y mucho menos puede serlo bajo cualquier estado mental.

No queremos decir que quienes dirijan una asociación estén o tengan que estar enteramente liberados de sus fobias, manías etc. Lo que queremos decir es que, síntomas aparte, la persona–o personas–que dirijan una asociación de salud mental en primera persona deben estar en el mejor estado posible dentro de su padecimiento.

Y queremos expresar que deben existir mecanismos para afrontar la situación especial en la que uno de los miembros dirigentes tenga alguna descompensación o desestabilización en su estado mental. Si esa persona no se aparta, debe ser apartado. Y todo aquél que asuma responsabilidades de dirección en una asociación de salud mental en primera persona debe conceder autorización expresa a sus compañeros para apartarle de sus responsabilidades si él o ella tiene algún tipo de crisis o brote durante el tiempo que ejerza responsabilidades en el grupo.

De no existir este mecanismo, el resultado podría ser penoso.

Incluso debería existir un mecanismo entre las asociaciones de salud mental en primera persona para apartar a toda persona que se detecte o informe que está comprobadamente en brote y al mismo tiempo esté ejerciendo funciones de dirección en una asociación de salud mental. Ya que los daños que pudiese causar pueden ir más allá de su propia asociación y dañar al movimiento completo de activismo en salud mental en primera persona.

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