La pandemia les va “como anillo al dedo”

Aunque mucho se ha hablado de los efectos nocivos de la actual pandemia que asola al mundo, esto en el área de salud mental–y en otras más. Lo cierto es que dentro de nuestro colectivo hay un conjunto de personas a las que la mayoría de las restricciones que ha impuesto la pandemia les vienen como anillo al dedo; las aprecian, las valoran, se sienten cómodos con ellas.

Se trata de las personas afectadas por misofobia, también llamada germofobia que es un trastorno de ansiedad ubicado en el espectro de los trastornos obsesivo-compulsivos (TOC) que es definido de la siguiente manera:

La misofobia es un trastorno enmarcado dentro de los trastornos de ansiedad, concretamente muy ligado al trastorno obsesivo-compulsivo, debido a que la persona que lo padece genera conductas asociadas a los miedos o creencias sobre los gérmenes.

Fuente: institutoclaritas.com

Estas personas ya–y mucho antes de la pandemia–tenían serios problemas con dar la mano indiscriminadamente a todo el que las saludase. Ya usaban gel o soluciones hidroalcohólicas intensamente para “protegerse”. Les molestaba tener que respirar el mismo aire que otras personas en espacios cerrados y ya tenían instalada en su psique una gran reserva–cuando no temor–a tocar cerraduras, manubrios de puertas de vehículos o tubos metálicos que pudiesen encontrar en el transporte público o en escaleras para asirse de ellos en caso de pérdida momentánea del equilibrio.

Son los grandes ignorados en cuanto a la pandemia. Nadie habla de la forma y manera en que su trastorno (ya adquirido con antelación a la pandemia) puede cronificarse o complicarse. Pues, básicamente, la pandemia ha venido para hacer de todos nosotros, al menos en la forma de proceder, poco más o poco menos que personas misofóbicas. Ya no damos la mano a nadie. Observamos una distancia de seguridad. Nos causa serias reservas poner la mano allí donde muchos tocan, sea en un lugar público, subiendo unas escaleras, en el transporte público o en el centro de trabajo. Y ni qué decir de respirar aire enrarecido por la respiración de muchos.

¿Qué puede pasar con las personas que padecen misofobia a la luz de las actuales medidas de seguridad que todos debemos observar? ¿Emergerán de la actual pandemia con un cuadro agravado debido a lo que han vivido que, en cierta manera, les confirma lo que siempre han creído sobre la seguridad y la salud? ¿Hay algún plan de contingencia o al menos algún colectivo profesional que se haya preguntado qué será de ellos luego de la pandemia–si es que ésta se va algún día? ¿Alguien se ha planteado que las terapias de rehabilitación de personas con misofobia habrán y tendrán que ser revisadas o reformuladas? Hasta ahora, la referencia al cuadro de los compañeros y compañeras que padecen misofobia brilla por su ausencia en el escenario informativo nacional y autonómico.

Como colectivo tenemos demasiadas cosas que hacer. Como asociación, apenas estamos naciendo. Pero, cualquier intervención en el escenario nacional o autonómico. Cualquier oportunidad ante cualquier órgano o mesa de salud mental que aglutine a varias asociaciones debe servir para poner sobre la mesa esta problemática y empujar hasta hacerla parte de las preocupaciones legítimas en materia de salud mental, lugar donde ya están instaladas legítimamente, por ejemplo, la problemática del suicidio, la ansiedad crónica o la depresión.

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