Conociéndose a sí misma

Muchas veces juzgamos y nos juzgan sin tan siquiera conocer a la otra persona y sin tan siquiera conocernos.
Es algo generalizado, algo normal.
Nos sirve para definir a alguien o a algo en concreto.
Pero ¿Qué ocurre cuando juzgamos a los demás sin tan siquiera conocernos a nosotros mismos?
Mariona se había encontrado muchas veces con gente que hablaban de los demás sin saber.
En el instituto, Mariona tenía una compañera de clase con ataques de ansiedad recurrentes.
Se llamaba Sara.
Morena, piel blanca con pequitas en la cara, alta, de ojos negros, algo rasgados.
Era una chica normal, con su grupito de amigas de su equipo de básquet, donde participaba activamente.
Era muy social y tenía novio.
Sus ataques de ansiedad empezaron de un día para otro, causando la incredulidad en su alrededor, el cual no creía que una chica con una vida tan perfecta pudiese tener ningún tipo de problema.
Los ataques poco a poco iban a peor, causándole taquicardias.
Sentía que se ahogaba en medio de la clase.
En una ocasión fue antes de un examen y todo el mundo se dedicó a decir que los ataques eran para llamar la atención, para no hacer exámenes e irse a casa.
Eso causó que, a partir de ese momento, se echase de clase a los compañeros cada vez que le venía un ataque.
Sentirse observada por esas miradas duras, burlonas, la ponían cada vez más nerviosa.
Perdió 4 kg en un mes.
No dormía y asistía a clase con enormes ojeras.
Se mareaba.
Aun así estudiaba sacando notas brillantes y trabajaba y jugaba a básquet los fines de semana.
¿Qué iba tan mal?
Sara se sentía presionada.
Vivía en un pueblo pequeño, donde todo el mundo se conoce, y la familia de su novio tenía una empresa mediana dedicada a la exportación de muebles.
El chico era guapo, perfecto, también sacaba buenas notas y con una prometedora carrera empresarial.
Ella sentía que tenía que estar a la altura de las expectativas de su novio para tener un futuro con él.
Esa pobre chica nunca supo que estúpido novio intentó ligar con Mariona.
Mariona lo ignoró por completo por que no consideraba justo que su novio se dedicase a hablar con otras chicas cuando su pareja lo estaba pasando mal.
Con el tiempo, Sara dejó a su novio y se dio cuenta de lo importante que era ser ella misma para sentirse bien.
No exigirse tanto y hacer lo que le gustase, sin tener en cuenta lo que pensaran de ella.
Solo así se conoció mejor y se atrevió a compartir lo que le ocurría.
Con ello, la gente de su alrededor entendió mejor y dejó de hablar sin saber.

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