La chica invisible

Desde que ni tenía uso de razón, Mariona tenía dos familias.

Una madre, cuatro hermanos y un padre y dos hermanos más.

A los 5 años, en clase, le hicieron dibujar una casa de color amarillo y colocar a su familia en la casa. No cabía en ella.

 Hizo dos casas. En una vivía ella con su madre y sus hermanos. En la otra, su padre con sus otros dos hermanos.

La profesora la regañó, porque eso no podía ser. No podía considerar familia a quien no vivía con ella, porque nunca había convivido con su padre y sus medio hermanos.

Mariona se enfadó. Si eran de su sangre y ella lo quería ¿Por qué no podía ser?

Ella no existía en ninguno de los dos lugares. 

Sus padres trabajaban y quedaba a cargo de unos medios hermanos que ejercían de padres como responsabilidad impuesta.

Ser una carga le hizo no querer molestar.  

Creer que no tenía que estar ahí.

Le pasaban cosas que no entendía y nadie le daba respuestas. 

Nadie le escuchaba.

Un día empezó a vomitar en clase.

Ese tampoco no era su sitio. 

Nadie creía lo que le ocurría.

Día tras día vomitaba lo que comía, pero al no creerla nadie aprendió que debía tragárselo. 

Y lo que empezó como excusa para salir de ahí se convirtió en algo crónico para tragar no solo la comida, sino también sus problemas. 

Su cuerpo empezó a cambiar antes que los demás. De nuevo, atenciones no deseadas.

Mariona solo quería desaparecer.

Y lo consiguió.

Pasó años alejada, en su mundo.

Entre libros, novelas, cine, música. 

Con amistades superfluas.

Quién le había hecho daño lo había olvidado. ¿Ella debía olvidarlo también?

Había llegado a perdonar. ¿Por qué los vómitos no se iban?

En su adolescencia llegó un momento en que empezó a ser ella misma y llegó a ser feliz. Pero otra vez se preguntaba “¿Realmente estoy bien así?”

Parecía una realidad falsa. Tantos años sola no sabía estar con nadie.

Una amiga le llegó a decir: “Contigo siento paz”

Sabía escuchar y estar ahí.

Pero Mariona, miraba al cielo mientras se preguntaba “¿Cómo encontraré yo esa paz?” Hoy en día se sigue preguntando lo mismo.

1 comentario en “La chica invisible”

  1. Francisco Sánchez

    Hola. El remanso de paz, esa tranquilidad que a veces tanto anhelamos o deseamos, está dentro de nosotros mismos. Por mi experiencia, solo te puedo decir que busques en tu interior, ahí la encontrarás. Luego será tal la felicidad, que desearás compartir con los tuyos esa paz tan deseada. Saludos

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