La Tapadera

Sebas era gay.

Tenía pluma, era cotilla y parecía una copia en joven de cierto presentador de la prensa audiovisual del corazón.

En su alrededor lo veían así, pero él no lo quería aceptar.

Sus creencias contrariaban sus gustos y su ambiente familiar: era costalero de una hermandad rociera donde su familia era muy activa.

Su madre solía decir que no admitiría la entrada a ningún “maricón” en casa.

Mientras él tragaba y callaba tenía amigos de confianza, pero suficiente le costaba aceptar su realidad como para confesársela a alguien más, hasta que se lo contó a su amiga Karina.

Ésta se lo contó a Mariona.

Mariona era lesbiana y Karina pensaba que podría ayudar a su amigo a aceptarse.

Ella tenía novia y lo llevaba de forma normal.

Sebas empezó a relacionarse con ella y con sus amigos en común para salir de fiesta y Mariona con el tiempo pasó a ser su confidente y le compartió que quería conocer a un chico en Barcelona que había conocido por internet.

Cuando vives en un pueblo pequeño, donde todo el mundo te conoce, te arriesgas a que hablen de ti si te ven con alguien por la calle con alguien de tu mismo sexo, así que era la opción más segura para conocer a alguien.

Mariona también había hecho eso en su día, pero ya con novia lo vivía de forma natural y no le importaban las miradas indiscretas.

Mariona quedaba con Flor, su novia, cada fin de semana.

Flor vivía cerca de Barcelona, y para verse, o bien subía ella a Girona, o bajaba Mariona a Barcelona.

Así fue como Sebas fue un sábado a Barcelona en tren con Mariona y conoció al chico que le robaba el sueño.

Se enamoraron y quedaban cada vez más seguido.

Pero el asaetado corazón de Sebas, como el del santo que lleva su nombre, no le permitía contar la verdad, formando una cadena de mentiras.

Paralelamente a su idílica relación, a sus padres les enseñaba fotos de Mariona.

Les preguntaba qué opinaban sobre ella, si era guapa o no, y les decía que iría a su casa a dormir, cuando en realidad iba a casa de su novio, a más de 100 kilómetros de distancia de la suya.

A los compañeros de clase les decía que salía con Mariona y estos se quedaban extrañados.

Ellos sabían que era gay.

No existe ningún “gayradar” ni tener pluma debe significar ser estrictamente gay.

Quizá los prejuicios hablaban por ellos, porque aunque socialmente haya unos estereotipos al respecto, estos no siempre se cumplen.

Pero en este caso estaban en lo cierto.

Mariona era extrovertida respecto a su sexualidad.

Hablaba sin tapujos de su relación con Flor, así que llegó un día en que un compañero le preguntó si no era cierto que Sebas era gay, porque él iba diciendo que eran pareja.

Ella se sorprendió ante la revelación, pero se contuvo y contestó que no podía decir nada sobre la sexualidad de otra persona.

Sólo podía hablar de la suya y de lo feliz que era junto a su chica.

Y es cierto. Nunca se debe sacar a nadie del armario.

Debe ser uno mismo el que quiera hacerlo y Mariona sabía de sobra donde no debía meterse.

Se arriesgaba a hacer daño a Sebas y a perderlo como amigo, cuando quería ayudarlo a aceptarse.

Aún así le dolía que Sebas hubiese pretendido usar su  amistad para esconder su relación y más que por ella le dolía por Arnau.

Arnau, la pareja de Sebas, era una bellísima persona, sensible, pero deslumbrante como un arcoíris tras la lluvia. Siempre era muy imaginativo y risueño.

Él llevaba la relación con normalidad y sus padres aceptaban su relación.

 Tenía una madre estupenda que llevaba una peluquería con una trabajadora transexual y vivía un entorno contrario al de Sebas.

Pese a todo esto, Mariona siguió ahí junto a Sebas, pero no se lo ponía fácil.

Un día de octubre era fiesta mayor en Girona.

El parque principal de la Devesa se llena de atracciones de feria y conciertos.

Sebas fue con su grupo de amigos, y entre ellos, Mariona y Flor.

En un momento dado, coincidieron con la hermana mayor de Sebas, dos años mayor que él.

Mariona era siempre muy cariñosa con su novia y no le importaba el público que hubiera delante. Besaba a su novia en cualquier lugar.

Cuando Sebas llegó a casa se tuvo que enfrentar a todo un interrogatorio de su hermana, por lo que acabó confesando que era gay.

Su hermana no lo tomó mal, en contra de lo que hubiese esperado.

Pero el hecho de que sus mentiras hubiesen quedado al descubierto había hecho mella en él.

Rompió con Arnau sin darle ninguna explicación. Se apartó emocionalmente de todos y era tan terco que Mariona desistió.

Mariona se sintió dolida, como si para él solo hubiese sido su tapadera durante todo ese tiempo.

Y se sentía disgustada por que por mucho que se quiera ayudar a alguien, no se puede hacer nada si la otra persona no quiere, pues como dice el refrán: “No hay mayor ciego que el que no quiere ver”

1 comentario en “La Tapadera”

  1. Francisco Sánchez

    La homosexualidad, desde mi punto de vista, es aceptarla y vivir. Aunque hayan personas que no lo acepten, ¡qué más da! Lo importante es aceptarte a ti mismo, para que los que te quieren y te aceptan de verdad estén a tu lado y de tu lado. Un abrazo

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